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NORMA
Tragedia lírica en dos actos

Música de Vincenzo Bellini
Libreto de Felice Romani

Teatro Avenida, Ciudad de Buenos Aires
Función del 8 de Junio de 2012. Estreno.

ELENCO  
POLLIONE Paolo Bartolucci
OROVESO Christian Peregrino
NORMA Florencia Fabris
ADALGISA Adriana Mastrángelo
CLOTILDE Patricia Deleo
FLAVIO Nazareth Aufe
Orquesta y Coro de Buenos Aires Lírica
Director Musical Mtro. Javier Logioia Orbe
Director del Coro Mtro. Juan Casasbellas
Puesta en escena Louis Désiré
Escenografía Diego Méndez Casariego
Vestuario Mónica Toschi
Iluminación Rubén Daniel Conde
   
   
   
   
   
   

NORMA.... cadrá per vizzi suoi...!

Lo confieso: Amo NORMA , una de las obras cumbres del Bel Canto por la suma de aciertos que Bellini y Romani presentaron en su creación, siendo capaces de un nivel de equilibrio y de inspiración poco frecuentes.
El libretista logró en ese texto dar a luz un personaje de un nivel de profundidad y carnadura que permite intensos buceos en su riqueza psicológica, la que excede los clichès románticos, a través de una dosificación interesantísima de los climas y del suspenso.
Romani pudo hacer con Norma algo más que una nueva Medea... desmalezando los excesos de la tragedia de Soumet y construyendo, posiblemente, su obra más grande, lo que es mucho decir en un autor con su nivel de experiencia y producción.
Sobre ese texto, Bellini compuso su capolavoro y por él sólo ya merecería un destacado lugar en la historia de la lírica. El mismo Wagner, tan poco afecto a reconocer virtudes, destacaba la belleza de esta creación del compositor italiano, que se ha mantenido en el repertorio desde su estreno y es mirada con admiración y reverencia tanto por artistas como por el público.
Norma es mucho más que canto... es mucho más que buena música (aunque su orquestación no sea muy feliz)... es mucho más que Bel Canto estilísticamente hablando... o mejor dicho, es Bel Canto en su más perfecta y completa acepción, ya que en esta partitura cada nota tiene un sentido tan importante en lo musical como en lo dramático. No existe en toda la obra un sólo pasaje innecesario (más allá de que no todos sean igual de inspirados) y cada coloratura responde a la necesidad de expresar la potencia teatral de la historia.
Por todo ello, programar este título es un desafío... y mayúsculo.
No hubo ni hay muchas Normas, de esas capaces de integrar una galería memorable, y más de una gran cantante fracasó al medirse con este rol, porque sólo algunos tienen la capacidad de hallar toda la riqueza que se oculta detrás de cada nota, y sin esa capacidad, la obra pierde su esencia más rica, y se vuelve insulsa, chata, fría.
Y no hemos hablado aún más que del rol protagónico pero, en esta ópera, los personajes de Adalgisa y de Pollione también requieren cualidades muy nutridas para hacerles justicia desde lo vocal y desde lo escénico.
Buenos Aires Lírica, que nos regaló tantas presentaciones memorables temporada a temporada, encontró en esta ocasión su propuesta menos feliz.
La Puesta de Louis Désiré resultó tan desacertada que borró todo impacto dramático, volviendo obvias algunas claves de la acción (resulta absurdo que Adalgisa conozca desde el primer Acto el hecho de que Norma es madre y que Pollione es el padre (amoroso?) de los niños, por ejemplo) ; plagando la escena, aún las de mayor intimidad, de presencias distractoras que conspiraban contra la concentración; apelando a buscar una originalidad que sólo logró desdibujar y confundir.
Triste hábito el de apelar a la vanguardia cuando esa apelación sólo intenta desplazar el protagonismo de la obra hacia su intérprete, es decir cuando en cambio de servir al arte, se sirve de él.
En este sentido, los desaguizados del director de escena fueron remarcados por el vestuario de Mónica Toschi, desagradables y plásticamente feos, sin que esa fealdad respondiera a ningún sentido (al menos sin necesidad de prospecto explicativo).
La escenografía y la iluminación fueron orientadas en la misma línea, aunque se hubieran beneficiado si el vestuario se hubiera alejado de lo feo y grotesco.
Presentar a los romanos vestidos de traje actual de color rojo y constantemente munidos de linternas que usaban en una actitud más cercana a los detectives de las películas del ´40 que a soldados del Imperio; la inclusión de tres figurantes de torso desnudo y dorado (?) como "lazarillos" (?) del Druida; la gesticulación del coro "aclarando" las menciones de Oroveso (Subiéndose a sillas cuando el Druida dice "Id a las Colinas..." o señalando el número tres con las manos cuando dice "tre volte..." por ej.) y terminar la ópera con todo el elenco cubierto debajo de un telón que refería al plano de Roma (?) cuando aún faltaba bastante para que el fabuloso concertante final llegara a su climax, en una especie de final "en off", puede servir de muestra de las ideas a las que se sometió al público.
La soprano Florencia Fabris no es Norma ni desde lo vocal ni desde lo dramático. En el primer caso, su material se resiente gravemente a enfrentar una partitura que la sobreexije y la obliga a forzar de manera constante, afeando cualidades que pueden destacarse en roles más adecuados a su voz. Se le notó un volumen escaso, un fiato corto, agudos estridentes y con serios problemas de emisión, graves pobres, y sólo logró interesar en los pasajes más líricos de un papel de los más difíciles del repertorio. En lo dramático resultó distante y fría, tal vez por estar muy ocupada en responder vocalmente a los desafíos del rol.
La Adalgisa de Adriana Mastrángelo, quién posee una voz de mayor volumen y un centro muy grato y aterciopelado, tampoco pudo hacer justicia al compromiso, lejos del belcantismo, saturando de intensidad una lectura que para ser verosimil no debe volverse verista.
El Tenor Paolo Bartolucci resultó de tristísima labor. Muy por debajo de los requisitos heroicos de Pollione pasaba con un nivel inaudito de arbitrariedad de los pianísimos a los fortes como la única manera de colocar los agudos. Desangelada actuación escénica y poco compromiso dramático fueron constantes en su Procónsul.
El Oroveso de Christian Peregrino fue lo más grato de oir en una nocho poco amiga de la dicha.
Bien la Clotilde de Patricia Deleo.
El Coro se escuchó carente de empaste y la orquesta cumplió con una lectura sin detalles ni sutilezas. Lástima grande pues el Mtro Logioia Orbe nos ha brindado veladas de gratísimo recuerdo.
Ni un aplauso saludó el desarrollo de la obra, salvo tras el Casta Diva (y aquí muy moderados) lo que fue señal de la escasa capacidad para transmitir la riqueza de esta maravillosa obra, y los saludos finales resultaron todo lo tibios que el lector puede imaginar, incluyendo algún abucheo al equipo escénico.
Como confesé al principio, amo Norma... Esperemos poder disfrutarla con más ventura la próxima vez que pise nuestros escenarios.

Por el Prof. Christian Lauria
para www.operaintheworld.com