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LA PASIÓN SEGÚN SAN MARCOS

Música de Osvaldo Golijov
Textos del Evangelio según San Marcos; Kaddish; Lamentaciones de Jeremías; Salmos 113-119 del Antiguo Testamento y poemas de Rosalía de Castro.

La PasiónEncargo de la Internationale Bachakademie y su Director Artístico Helmuth Rilling, en conmemoración del 250º aniversario de la muerte de Johann Sebastian Bach.

Estreno mundial: 5 de Septiembre de 2000, Festival de Música Europea, Beethovenhalle, Stutgart, Alemania

Estreno argentino.

REPARTO:

María Hinojosa Montenegro, soprano
Biella Da Costa, vocalista de Jazz
Reynaldo Gonzalez Fernández, cantante y bailarín afro-cubano
Deraldo Ferreira, capoeirista / berimbau
Schola Cantorum de Venezuela

Orquesta La Pasión

Sección de cuerdas de la Orquesta Estable del Teatro Colón
Dirección musical: María Guinand

PASIÓN BONITA

Estamos en tiempos en que se cuestionan estructuras, se rompen barreras y los géneros no tienen la clara definición de antaño…
Lo que para algunos puede ser el reino del todo vale, para otros resulta un proceso de renovación y enriquecimiento…
Lo cierto es que el Teatro Colón programó para iniciar su temporada lírica una obra del compositor argentino Osvaldo Golijov, con lo que intentó recuperar su lugar de faro después de que el Teatro Argentino de La Plata estrenara en 2010 “Ainadamar”, la ópera del compositor argentino contemporáneo más reconocido en el mundo . Si una Pasión (y de estas características) era o no lo más recomendable para la ocasión es otro cantar.
La obra que nos ocupa se vale de ritmos latinoamericanos, particularmente cubanos y brasileños con algún pasaje de tango y hasta un perfume de flamenco, para relatar los últimos momentos de Cristo, y esto en una escritura que parece tener la premisa de no desdibujar el carácter popular de la obra, por lo que ninguno de los cantantes que interviene proviene del género lírico, excepción hecha de una soprano con una intervención muy reducida.
La fuerza motora en la que se sostiene fundamentalmente la pieza es la presencia casi constante del coro y de la percusión apoyada por los bronces. Los restantes instrumentos apenas sugieren sonoridades o aportan climas.
Entre las novedades que nos brinda, se puede destacar que los roles de los protagonistas no son asignados a un solo cantante sino que, según sea el momento, un mismo personaje puede ser interpretado por la soprano, la vocalista de jazz, el cantante afro-cubano o el coro.
Recurrir a la inspiración folklórica no es una novedad ni de este ni del otro lado del Atlántico. Entre nos toda la corriente nacionalista de compositores de principios del S. XX lo hizo, y posiblemente baste recordar a Ginastera, más cerca nuestro en el tiempo, para encontrar algunos de los logros más ambiciosos en ese camino.
Pero aquellos creadores intentaron inspirarse en el folklore y trasladar sus aires a la estructura de la música académica recurriendo para ello a formaciones instrumentales clásicas tanto en el género de cámara como en el sinfónico o el lírico. Golijov opta por otro camino.
El autor escribe su obra recurriendo a una llaneza en la que la reelaboración se note lo menos posible, dándole a su pasión un sentido eminentemente popular, más cercana a una creación nacida de la inspiración anónima de la gente que del saber académico de un compositor. Así el coro no deja de hacer notar su sonoridad “espontánea” (más allá de que detrás de ese resultado exista una escritura y una preparación académica) y los movimientos con los que acompaña sus intervenciones, con reminiscencias del Gospel, cuadran al espíritu que recorre esta Pasión.
Probablemente en esta elección haya pesado el hecho de asimilar la Pasión de Cristo a la Pasión del Pueblo latinoamericano, a jugar con esa doble lectura del texto y a darle a esa interpretación su correlato musical.
Si es así, sólo nos preguntamos por qué reducir la imagen sonora de Latinoamérica a sus ritmos más for export y por otro lado cuál es el sentido de introducir pasajes de sonoridades flamencas o un texto de la estupenda poetisa Rosalía de Castro en gallego.
La alternancia del castellano y el arameo es, en este sentido, mucho más fácil de justificar.
En la función que presenciamos, con una sala casi colmada, lo que nos extrañó ya que las referencias que teníamos eran que en las dos funciones anteriores (Gran Abono y Abono Nocturno Tradicional) el Teatro mostraba amplísimos claros; nos presentó un resultado estimable.
La soprano Hinojosa Montenegro posee una voz de grato timbre pero un tanto irregular a lo largo del registro, lo que la vuelve poco audible en los graves. Su intervención más destacada nos dejó una buena impresión general, contando que el fragmento en cuestión resulta casi una canción de cámara con el maravilloso poema “Lua descolorida” de Rosalía de Castro.
Biella Da Costa lució una voz oscura, de profunda dramaticidad la que pudo lucir con creces en el pasaje que recrea la meditación en el Monte de los olivos, con una sonoridad de fuertes reminiscencias piazzollianas, siendo éste uno de los momentos más logrados de la obra por su trascendencia emotiva.
Cumplidas las prestaciones del resto de los cantantes y del coro.
La prestación de la orquesta La Pasión ha resultado satisfactoria, con rendimientos muy destacados de sus principales percusionistas. Otro tanto puede decirse de la sección de Cuerdas de la Orquesta Estable, aunque la partitura no le reserva ningún lucimiento particular.
La obra no presenta puesta en escena sino que se queda a medio camino entre una versión de concierto y un semimontaje, lo que no nos parece un acierto.
Las Pasiones tradicionales, salvo algunas honrosas excepciones, se presentan en versión de concierto, es cierto, pero el compositor en las notas que acompañan el programa de mano pone tanto acento en la idea de “representación” que el resultado visual resulta pobre, sobre todo en las intervenciones danzadas las que se desarrollan en un espacio lateral de una austeridad más propia de un festival que de una sala como la del Colón en su temporada oficial.
Aquí llegamos a la reflexión que esbozáramos al comienzo de estas líneas y que, como toda opinión es una puerta al debate.
Indudablemente esta Pasión es una obra bonita, no genial, no maestra... pero bonita.
Sincera en su estructura y aspiración, camina segura en el límite entre la originalidad y el pastiche, sin derrapar, y deja una grata sensación en el espectador. Las preguntas serían entonces ¿Son estos méritos suficientes para que se incluya en la Temporada lírica oficial que, por otra parte, sólo reúne siete títulos?... ¿Es el Teatro Colón, una sala reconocida por su excelsa calidad acústica, el espacio adecuado para presentar obras que requieren de amplificación electrónica?... Nos quedamos pensándolo...

Teatro Colón de Buenos Aires,
Función del 17 de Marzo de 2012.

Por el Prof. Christian Lauria
Para www.operaintheworld.com