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“Madama Butterfly” – G. Puccini

TEATRO ARGENTINO DE LA PLATA - 15 -05- 11
Libreto Giuseppe Giacosa y Lluigi Illica, basada en “Madame Butterfly” de David Belasco

Cio- Cio-San: Daniela Tabermig
B.F. Pinkerton: Pedro Espinoza
Sharpless: Victor Torres
Susuki: Alejandra Malvino
Goro: Sergio Espina
Bonzo: Emiliano Bulacios
Kate Pinkerton: Gabriela Bulich
Principe Yamadori: Sebastián Sorarrian
Comisario Imperial: Mariano Fernández Bustinza y elenco

Dirección Musical: Tulio Gagliardo
Director de escena: Rita Cosentino
Diseño de vestuario: Stella Maris Müller
Diseño de escenografia e iluminación: Juan Carlos Greco
Orquesta Y Coro Estables
Director de Coro: Miguel Fabián Martínez

“Madame Butterfly” fue estrenada en 1904 en su formato de dos actos, constituyendo el único gran fracaso del maestro. Creo que un acto de una hora y media era demasiado largo para el público italiano de la época. Hábilmente Puccini reformó la obra a tres actos el mismo año del estreno y terminó de darle la forma actual en la versión estrenada en París en 1906.
Realizó un trabajo musical realmente exhaustivo, totalmente enamorado de la historia, e incluyó fragmentos de unas siete melodías japonesas tradicionales, luego de estudiar intensamente las costumbres de ese país.
Y este fue el segundo título elegido por el Teatro Argentino para la actual temporada.
Desde el punto de vista musical, el Maestro Tulio Gagliardo (hijo de los recordados cantantes Tulio Gagliardo y Vilma Varas) realizó un pobre trabajo. Con tiempos por momentos lentísimos, desajustes notables en la orquesta y algunas notorias entradas en falso de los cantantes, su trabajo fue de relativo valor. La Orquesta pareció además no estar en uno de sus mejores días y su prestación fue de un nivel inferior al que nos tiene acostumbrados.
Siempre sostengo que el cambio de época de una opera (aunque no es en lo personal lo que más me atrae) lo acepto siempre que el mismo sea coherente con la historia y se mantenga de principio a fin. Rita Cosentino eligió la época correspondiente a la Segunda Guerra Mundial, donde todavía el argumento puede tener algo de veracidad.
Pero lo visual trajo carencia total de belleza y demasiados errores de estilo.
El primer acto transcurre en lo llamado “Casa de Geishas”. Realmente con una compleja escenografía donde pareció no importar que lo japonés nada tiene que ver en lo estético con lo chino, de donde provenían la mayoría de las decoraciones. Esta especie de “dancing”, con mucha gente paseando por el local, se asemejaba temiblemente a un restaurante chino tenedor libre. Mesas de metal negro, manteles rojos, etc. Y el esperado y bellísimo dúo de amor fue cantado desde un pequeño cuadrado ubicado en el centro del salón, con manifiesta incomodidad para los cantantes. Una escena en general sublime convertida en un ejercicio de equilibrio para Cio-Cio- San y Pinkerton.
Por suerte todo mejoró en el segundo acto (la representación se realizó con un solo intervalo), allí Cio-Cio- San está viviendo en forma occidental en un barrio aparentemente periférico, donde su pobreza es notable. Como el edificio era de algunos pisos, la visión del puerto fue hecha, con coherencia, de la ventana de su departamento en un piso superior. Desde las primeras filas de platea fue casi imposible apreciar el fin de Cio-Cio-San, en esta oportunidad en la puerta de su casa y sin biombo por medio.
La escenografía fue aquí bien lograda. Algunas situaciones creadas por la Directora de escena – como el dúo de las flores – muy poco creíble dentro de ese abigarrado suburbio. Pero logró aciertos como la llegada de Yamadori y el pasaje constante de transeúntes de distintas etnias y estilos.
El vestuario fue realmente difícil de comprender, demasiada gente ya totalmente vestida en forma occidental, algunos casos intermedios, kimono con peinado de época y algunos pocos a la usanza tradicional. Dentro de esta mezcla no quedó favorecida la figura de Daniela Tabermig, ya que poco le sentaban los diseños occidentales creados para ella.
La iluminación fue mejorando, desde un primer acto plano, a detalles de matices interesantes en el segundo.
Daniela Tabermig es una soprano lírica con un voz de buen volumen, a quien vi en una excelente Micaela años atrás. Creo que todavía no le ha llegado el momento para encarar Madama Butterfly. Cantó con corrección, siempre afinada, pero hasta llegar a las escenas finales casi sin matices. Su voz sonó tensa todo el primer acto, sobre todo en la zona aguda y “Un bel dí vedremo” paso casi desapercibido.
Logró un nivel de convicción en el final de la obra, pero esto parece poco para las exigencias del papel.
Pedro Espinoza fue un correcto Pinkerton. Posee una voz de bello timbre y suficiente volumen, aunque su timbre sea algo más claro que el acostumbrado para su rol, sin presentar problemas notables en el sector agudo. Como actor no logró transmitir el hecho que para él solo era una aventura, pero por el contrario pudo conmover en la escena final.
Victor Torres es un excelente cantante de cámara probado internacionalmente, pero ni por la tesitura de Sharpless ni por las exigencias actorales parece un rol adecuado a sus medios. Su voz sonó opaca y poco audible en algunos pasajes y su actuación pobre.
Alejandra Malvino como Susuki se convirtió en la mejor figura del elenco. Con su hermosa voz, su canto siempre sentido y matizado logró los mejores pasajes, siendo además excelente como actriz. Un personaje cantado con el alma. Y fue justamente ovacionada por el público.
Del resto del correcto elenco destaco el Bonzo de Emiliano Bulacios, cantado con hermosa voz, importante volumen y gran presencia escénica.
Correcto el Coro Estable.
En síntesis, fue una función que fue creciendo con el correr de la obra, desde un malogrado primer acto a un mucho más acertado final. Creo que la idea original es coherente y aplicable con éxito si se hubiera contado con otra escenografía en el primer acto, un vestuario con decisión de estilo y época y mejor nivel musical y vocal.
Pero el querido Maestro Puccini parece indestructible, a pesar de todo su maravillosa música y su genialidad está arriba de cualquier circunstancia y es totalmente imposible no descubrirnos emocionados al finalizar la ópera.
Como agregado, en el hall central una fantástica muestra del vestuario de Miguel de Molina, de una riqueza e imaginación incomparable. Además de programas y otros elementos de su carrera. Imperdible.

por el Dr. Alberto Leal